divendres, 5 juliol de 2013

Ressaca al Somorrostro

Ningún hogar sin lumbre. Ni un español sin pan


Pueden mezclarse en la resaca el truhán,
el pordiosero de oficio y el maleante,
pero en general…

Diario de Barcelona
martes 26 de febrero de 1957


1

“Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan”. Escrita en la pared del ferrocarril con gigantescas letras negras, la consigna parecía presidir orgullosamente la vida del barrio. Dondequiera que se mirase, al alzar los ojos, la vista tropezaba con ella. Más arriba, un avión de reacción surcaba el cielo a gran velocidad. Su trayectoria –larguísima– partía el espacio en dos, como una raya de tiza, y se disolvía lentamente en lo azul como la estela de espuma de un barco.
   Deslumbrado, Antonio amorró la cabeza y cortó, por el primer callejón, hacia la playa. Era domingo y la explanada guijosa que se extendía frente a las chabolas acogía a centenares de ociosos que se esponjaban al sol, lo mismo que lagartos: corros de hombres oscuros que jugaban al tute o al julepe, en mangas de camisa y con la boina encasquetada; mujeres viejas y como encogidas, que se defendían del reverbero de la luz con toscas viseras de papel de periódico; chiquillos ágiles y medio desnudos, que correteaban por los escombros persiguiéndose, con imaginarios revólveres, has el borde de la cloaca.

 Nens jugant a disparar (Brangulí, ca. 1930)

   Las barracas tenían aproximadamente la misma altura y, en gran proporción, estaban enjalbegadas. Algunas, lucían un pretencioso techo de ladrillo, puerta de madera regular y tiestos de geranios i dondiegos. La mayoría estaban confeccionadas de remiendos, con ladrillos y baldosines de diferentes formas y colores y hasta, a veces, con parches de hoja de lata. Aprovechando el sol, sus habitantes charlaban, dormitaban, trabajaban y comían al aire libre. En la barraca próxima al albañal, un bebé gateaba por la arena, con el pie ligado por una cuerda a la puerta de la casa.
   Antonio vagabundeo por la explanada, sin rumbo fijo. El parloteo ruidos de los receptores armaba una endemoniada algarabía. Programas distintos, retransmitidos a toda potencia, cambiaban estériles gritos, en una apasionada discusión de sordos, monótona e inacabable. El aire estaba saturado de olores: efluvios de husmo y aromas de fritura, que se mezclaban con el hedor de basuras y albañales y se diluían, en la atmósfera tibia y casi calina.
   El niño se sentó en un montón de escombros, de espaldas al sol. A su lado, un viejo vestido con un abrigo mugriento se cortaba las uñas de los pies. Dos manguis revolvían las basuras con bastones. Junto a la calle, cuatro hombres habían improvisado una mesa de juego sobre una vieja barrica de vino.
   — Te digo que ha tocao falla.
   — Mentira.
   Antonio les observó con atención. Un gitano se había incorporado del neumático que le servía de asiento y señalaba furioso al rubio de la baraja.
   — El tipo me ha tomao por un jula... (1)
   — Leches.
   En una de las chabolas vecinas alguien pulsó las cuerdas de una guitarra. La voz afiebrada de un locutor anunció un programa de mambos. Una niña vestida de bailaora se puso a palmear en la puerta de su casa. Y, en aquel momento, cuando la confusión de rasgueos, voces, música y gritos amenazaba llegar al paroxismo, el panorama sufrió un cambio inesperado.
   — ¡Queo! (2)
   Un chiquillo vestido con una camisa azul-grana los había avistado en el paso a nivel y dio la señal de alarma. Eran tres, explicó, dos pequeños y uno encorvado y alto y venían bordeando los relejes del camino, seguidos de una docena de muchachos.
   Antonio miró a su alrededor, lleno de asombro. Una mujer descolgaba apresuradamente la ropa tendida y los hombres sentados en torno a la barrica interrumpieron la partida de cartas.
   — Eh, tu... Guarda el cartulaje.
   — El parné.
   — Alto... La peseta es mía.
   El chaval de la camiseta azulgrana corría por la calle dando el acán (3). La mujer de la ropa se asomó a la explanada y empezó a llamar a gritos a su chico.
   Antonio se puso de pie y miró hacia la colina. Los visitantes caminaban dificultosamente entre los lavajos, asediados por un enjambre de arrapiezos. Torciendo a la derecha, hacia el centro del barrio, iniciaba, en medio de gran expectación, su antiguo itinerario de los domingos.
   — Dicen que los reparten ya.
   — ¿El qué?
   — Los trajes.
   Las mujeres se asomaban a las puertas de las chozas. Algunas, más impacientes, corrieron al encuentro de la comitiva, seguidas de una nube de chiquillos. Pero los forasteros habían desembocado ya en la explanada y, como obedeciendo a una señal, los altavoces de las radios enmudecieron, la niña dejó de palmear y los hombres que jugaban y bebían hicieron desaparecer las cartas y los porrones y adoptaron un continente resignado y digno.
   El cortejo se detuvo frente a la taberna y un chico cargado con una maleta de piel impuso silencio con inspirado movimiento de la mano. Durante unos segundos, los forasteros cambiaron impresiones en voz baja. En medio del astrado corro de mirones, sus sotanas relucían al sol, negras y limpias.
   — ¿Dónde vive Saturio? —dijo, al fin, el más alto.
   La pregunta pareció romper el hielo y los rostros de los curiosos brillaron, como de esperanza.
   — Por allí —respondieron varias voces al mismo tiempo.
   El Padre hizo una pausa antes de continuar. Parsimoniosamente se sacó un pañuelo del bolsillo y se enjugó el sudor que le corría por la cara.
   — Dentro de pocas semanas —dijo— Nuestra Santa Madre Iglesia celebra con gran solemnidad la festividad de Pascua Florida. Una antigua tradición cristiana, que remonta a la infausta época de las Persecuciones, quiere que los niños en edad de merecer la Comunión la hagan precisamente este día.
   “El próximo domingo, como en años anteriores, los catequistas empezarán un ciclo preparatorio. Los pequeños que asistan al mismo recibirán la instrucción necesaria para acercarse a Dios Nuestro Señor con la disposición espiritual que tan magno acontecimiento exige.
   “Todas aquellas familias cuyos hijos no hayan recibido a Nuestro Señor en el Sagrado Altar de la Comunión son cordialmente invitadas a colaborar en esta santa empresa.
   “La inscripción se hará en casa de Saturio, a partir de ahora. El padre Bueno tomará el nombre y señas de los pequeños y responderá a todas las consultas que se le hagan.”
   El cura carraspeó, dando por acabado el discurso, pero la gente que le escuchaba continuó clavada en el sitio, como en espera de una segunda parte. Ojillos vivos e inquietos de ancianos, mujeres y niños examinaban con misteriosa insistencia la maleta de piel del catequista.
   — ¿Algo por aclarar? —preguntó, sorprendido, el Padre.
   Varias personas tosieron, sin decidirse a hablar. Al fin, un niño menudo y negro se acercó al de la maleta y le tiró de la manga.
   — ¿Qué lleva aquí dentro, señor?
   — Catecismos —repuso el joven con una voz grave.
   La comitiva reemprendió solemnemente la marcha, con los curas, las mujeres, los viejos y los chiquillos. Desde su puesto de observación de la explanada, Antonio les vio alejarse con lentitud hacia la chabola de Saturio.
   El barrio recuperó poco a poco su fisonomía habitual. Los hombres sentados alrededor de la barrica sacaron de nuevo las cartas y los porrones y continuaron la partida, entre disputas y blasfemias. La niña vestida de danzaora volvió a palmear y alguien enchufó a toda potencia un receptor de radio.
   Antonio se incorporó del montón de escombros y continuó su recorrido, con las manos hundidas en los bolsillos.

La resaca, Juan Goytisolo
París: Librería Española, 1961, p. 1-7.


*

Notes:

(1) Víctima, primo.
(2) ¡Peligro!
(3) Alerta.

16 comentaris :

  1. L'escepticisme és el pitjor dels mals...

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    1. Sí, Galderich. I la superioritat moral, també.

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  2. Hola!
    Poblenou, en efecte, és una obra de Benguerel i molt interessant.
    Salutacions!

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    1. Gràcies, company martinenc. Prenc nota.

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  3. ah. Juan Goytisolo, un altre classic.

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    1. I en aquesr cas, Aris, de molt alt nivell.

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  4. Aprenent caló amb Bereshit: Aquí un jula més de les cròniques del Somorrostro, però en el bon sentit, que no és cap queo! Al contrari, restarem acan de la propera.

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    1. Ha, ha...! Doncs serà un estiu Somorrostro. Enguany serà la meva platja. Vull tancar la recerca al setembre amb un apunt meu.

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  5. Tot un increïble esforç de recuperació de la historia d'un barri que avui quasi roman a l'oblit.

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    1. Doncs sí, Javier. A més, estic fent una currada lectora considerable. I queden textos molt bons.

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  6. Molt bó. El Somorrostro va esser una mena de ciutat proscrita dintre d´un altre ciutat.
    M´ha encantat aquest cartell de Carmen Amaya.
    Salut. Borgo.

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  7. Així és, Miquel. El cartell és una adaptació de la portada d'un disc.

    Si t'interessa la col·lecció literària que estic fent del Somorrostro, aquí tens:

    http://enarchenhologos.blogspot.com.es/search/label/Somorrostro

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  8. Respostes
    1. Sí, Miquel, és del textos realment bons sobre el Somorrostro. Amb un lèxic castellà molt interessant.

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  9. Hoy he visto que en breve publican un libro. En el artículo de El Periódico de Catalunya de hoy se puede leer esto:
    "Cuan­do a las re­lu­cien­tes pla­yas olím­pi­cas se les pu­so are­na, es­pi­go­nes, du­chas y nue­vos nom­bres, la Bar­ce­lo­na del 92 no es­ta­ba pa­ra re­me­mo­rar los ba­rrios de ba­rra­cas que habían ocu­pa­do el li­to­ral. El So­mo­rros­tro era el pa­sa­do, a lo su­mo re­cor­da­do co­mo el ba­rrio don­de na­ció Car­men Ama­ya. Pe­ro ha­ce so­lo un par de años que su nom­bre ha vuel­to al ca­lle­je­ro de la ciu­dad, pa­ra bau­ti­zar el re­co­do de pla­ya en­tre el hos­pi­tal del Mar y el Port Olím­pic."

    Un saludo.

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    1. Gràcies, APU. El llibre de què parla "El Periódico" ja s'ha publicat. Vaig anar l'altre dia a la presentació de "Somorrostro", de Manel Gausa:

      http://bereshitbcn.blogspot.com.es/2013/06/somorrostro-cronica-visual-dun-barri.html

      Són unes fotografies magnífiques!

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Le grand cirque Calder

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