dijous, 19 de març de 2015

La Processó de les Filles de Maria

Mala raza (1913), de Fructuós Gelabert


Processó de les Filles de Maria, de Fructuós Gelabert (1874-1955), va ser rodada al carrer Rossend Arús de Sants, l'any 1902, dos anys després que canviés el seu nom original de Migdia. Des de la parròquia de Santa Maria de Sants, passant per la Masia del Rellotge de la plaça Ibèria, centenars de nenes vestides de primera comunió, amb domassos i flors, baixen en direcció a la Bordeta.

A Bereshit hem vist altres documentals dels primers anys del cinema rodats a Barcelona. A Barcelona en tranvía de Ricardo Baños, vèiem la ciutat l'any 1908; La Barcelona de Chomón vèiem el Parc de la Ciutadella el 1904 i 1911; Temporal marítim a Barcelona, una joia de 1911; o a Barcelona, perla del Mediterráneo, que la productora d'Artur Cabot va realitzar entre 1912 i 1913 per a la Sociedad de Atracción de Forasteros. Però amb pel·lícula de Gelabert tenim un dels documents fílmics més antics conservats rodats a Barcelona.

Gelabert és un dels pioners del cinema i a les seves pel·lícules exercia de director, guionista, operador de càmera i productor. Com explica Miquel Porter Adrià Gual i el cinema primitiu de Catalunya, 1897-1916, a banda del valor històric i documental de la filmació, aquesta pel·lícula conté alguns dels primers moviments panoràmics de càmera de la història mundial del cinema.





La Processó de les Filles de Maria a la Parròquia de Sants

Rafael Rodríguez Bella
Guanyador del Certamen Literari Francesc Candel 2009


Estaba ansioso por ver las imágenes de La Processó de les Filles de Maria a la Parroquia de Sants, el film que rodó Fructuós Gelabert en 1902. Quería comprobar si coincidían con la foto que tenía en mi poder ya que ese fue el motivo por el que solicité su visionado en la Filmoteca de Catalunya. Una imagen de unas niñas, desfilando con su traje de primera comunión, había aparecido de pronto en el fondo de uno de los cajones de la que fue antaño la mesa de trabajo de mi abuelo. La encontré bajo varias carpetas y documentos, en el último cajón. Además, estaba boca abajo, como si hubiesen querido hacerla desaparecer. A decir verdad, resultaba todo muy extraño: hallar una foto enmarcada con un lujoso y trabajado marco dorado, escondida allí.

La cogí y la llevé a casa de mis padres. Quizá ellos podrían saber de qué se trataba. Algo me decía que allí podía haber una historia escondida. Mi abuelo, del cual no sabía gran cosa, todo hay que decirlo, fue un republicano, hombre de izquierdas y de acción. Eso lo sabía todo el mundo. ¿Qué hacía entonces allí aquella foto de unas niñas en una procesión? Cuando mostré la foto, mi madre se quedó blanca como una hoja de papel. ¿De dónde has sacado esa foto?, dijo, con un tono nada amigable, tan pronto se repuso. De un cajón de la mesa del abuelo, respondí, observándola atentamente. ¿Qué ocurre con esta foto para que te pongas así? ¿Qué tiene de especial? No te había visto nunca tan airada. Dime, ¿qué sucede? Era hora de comer, la mesa ya estaba preparada. Esperábamos la llegada de mi padre que se produjo en aquellos instantes, como si hubiese sido una escena preparada de antemano por el autor de la comedia que se estaba representando. Al menos a mí me pareció todo muy teatral y no sabría decir el porqué. Cuando entró debió notar que flotaba un clima extraño y nos preguntó si sucedía algo. Mi madre no abrió la boca, sólo le mostró la foto enmarcada. Su rostro cambió de golpe. Decir que fue de extrañeza, sería decir poco e inexacto. ¿De dónde ha salido?, fueron sus únicas palabras. Tú hijo la ha traído, dijo ella. Entonces dirigió su mirada hacia mí. No hacía falta que preguntase, estaba claro que quería saber qué hacía aquella foto en mi poder. De dónde ha salido es lo de menos, dije, la traje porque supuse que podríais contarme que de quién es esta foto y qué hacía escondida en el fondo de aquel cajón. Porque que se hallaba escondida, es evidente. Mis padres se miraron sin decir nada. Va a ser largo de contar. ¿Y si comemos y hablamos después?, dijo mi padre. Podemos hablar mientras comemos, dije, ¿no os parece? La cosa parecía prometer y yo estaba en ascuas. Nos sentamos y mi madre sirvió el primer plato. Por su parte, mi padre la miró y a continuación dijo: esa foto es del día en que tú abuela hizo la primera comunión. La que ves en el centro de la imagen es ella. Primera sorpresa. Miré a mi padre sin decir nada, y sin llevarme la cuchara a la boca, esperando que siguiese con su explicación. La foto la hizo su padre, tu bisabuelo. Segunda sorpresa. Presentí que iba a comer poco. ¿El bisabuelo… hizo la foto? pregunté. Exacto, ¿te extraña? Gesticulé asintiendo, pero dejé que siguiese hablando él. Ya es hora de que sepa que es lo que ocurrió, dijo, mirando a mi madre. Verás… todo aquello fue una historia que hizo mucho daño a la familia. Y tu madre no hizo más que seguir, con el silencio que implantó su padre, tu abuelo. Después de todo lo sucedido, no se volvió a hablar más del asunto. Fue como si hubiésemos hecho todos un pacto de silencio. Explícame ya qué sucedió, me tenéis intrigadísimo, dije casi suplicando.

Cerca de aquí, a dos travesías, se instaló Fructuós Gelabert, el cineasta. Habrás oído hablar de él. Sí, evidentemente, pero no sé gran cosa. Estaría bien pues que te documentases un poco, tiene que ver con la historia de nuestra familia. Podrías empezar leyendo la Història del Cinema a Catalunya de Miquel Porter i Moix, por ejemplo. Existen otros libros y biografías, incluso un documental realizado por el crítico e historiador Joan Francesc de Lasa, El mundo de Fructuós Gelabert, que según parece, llegó a conocer al cineasta en una perfumería de Sants, cuando éste era ya un jubilado. El hecho de que Gelabert frecuentase el barrio, influyó mucho en la vida de tu bisabuelo. Sí, muy bien, pero ¿y la foto de las niñas? Tu bisabuelo supo que Gelabert se disponía a rodar un pequeño documental, en realidad lo que se rodaba entonces eran piezas cortas, y que iba a ser sobre La Processó de les Filles de Maria a la Parròquia de Sants. Eso fue en 1902. Tu abuela, tenía entonces ocho años, y desfilaría en aquella procesión. Irían todas las niñas de la escuela que celebraban la Comunión aquel año. Su padre no se lo pensó dos veces. Aquel día cogió su cámara y se instaló cerca de donde estaba Gelabert filmando. De manera que obtuvo una foto de su hija, similar a uno de los encuadres de la película. Si la ves comprobarás que son prácticamente iguales. Más adelante, fue en 1914, cuando tu bisabuelo, que supongo que ya sabes que era pintor y decorador. Pues no, no lo sabía. Es la primera noticia. Bueno, pues se presentó en el estudio (se llamó La Boreal, y era un espacio todo acristalado), que estaba construyendo Gelabert en la calle de Sants 106, y le encargó que pintase el local y a partir de ahí congeniaron más aún. Terminó siendo, tu bisabuelo, el pintor de los decorados de sus películas. La afición por la fotografía se le fue acrecentando. Se compró varias máquinas de retratar.

Y esa es la razón por la que me encuentro, ahora aquí, en la Filmoteca, dispuesto a ver el film. Y de paso hojear las biografías del cineasta que las hay de varios autores. El libro de Porter-Moix ya lo tenía, incluso me lo había dedicado. Nos habíamos conocido en sesiones de cine club y trabé cierta amistad con él.

Días después, pensé en ir de nuevo por casa de mis padres, dispuesto a decirles que había visto la película y pedirles que continuasen con la historia de aquella foto, porque era evidente que habían más cosas que contar. Aquello no podía acabar así, sin más. La foto había sido escondida, eso estaba más que claro. ¿Por quién? ¿Por qué? Era lo que quería averiguar. Pero esta vez mi madre opuso resistencia. Se lo había repensado y se negaba a hablar. Mi padre no estaba en casa. Así que tuve que desistir, por el momento. Esta nueva situación hizo que me intrigase más aún aquella foto y quisiera, por tanto, saber más cosas. Lo que me ha llevado a querer escribir sobre ella. De manera que eso es lo que estoy haciendo.

Se me ocurrió, entonces, pensar en Isidro, el amigo de la familia de toda la vida, vecino de la escalera que participaba de las tertulias de los sábados por la noche. Él me había contado, más de una vez, historias que habían vivido juntos. Seguro que podría contar lo ocurrido, quizá mejor que nadie. Cuando le mostré la foto, su expresión cambió, tal como había ocurrido con mis padres y preguntó de dónde había salido. La pregunta se repetía. No obstante me pareció predispuesto. Tuvo la foto entre las manos un buen rato. Después dijo, en tono apesadumbrado: Cuántos disgustos provocó esta dichosa foto. Dime que ocurrió, le pedí.

La recuerdo perfectamente, empezó diciendo. Estaba sobre la repisa de la chimenea. La lucían orgullosos. Tu bisabuelo había hecho una foto igual que la del maestro Gelabert. Tu abuela me contó una vez que su padre siempre decía que se aprende mucho copiando de los maestros. Aquella foto nunca se movió de allí. La enseñaban a cuantos vecinos y amigos les visitaban. Para ellos fue un gran evento. Nosotros, los chiquillos que íbamos a jugar a su casa, no le dábamos importancia. Hasta que l’Anselm le dio un día un manotazo y la tiró al suelo. Nadie se explicó por qué lo había hecho. Pero desde entonces nuestras reuniones se fueron espaciando y l’Anselm dejó de venir. Fuimos creciendo todos, y tu abuela se fijó en el hijo de los últimos vecinos que llegaron a la escalera. Se habían instalado en el tercero. Pronto aquel muchacho se sumó al grupo. Y meses después tu abuela y él se hicieron novios. Años más tarde se casaron. Para entonces la enemistad de l’Anselm ya era manifiesta. Él seguía estando secretamente enamorado de tu abuela y por lo visto se lo había dicho más de una vez, pero ella le dio siempre calabazas. Con los años, nació tu madre y estalló la guerra. Ahí empezó a complicarse todo. Tu abuelo se marchó al frente y tu abuela se quedó en casa con la pequeña. ¿Mi madre? Exactamente, tu madre. ¿Y la foto? ¿Qué pasa con la foto?

Seguía sin saber parte de la historia de aquella foto, seguramente la más significativa. Y se lo pregunté: ¿Tú sabes por qué estaba escondida? ¿Escondida, dices? Yo pensé que con los avatares de la guerra se había perdido. Pues no. La encontré vaciando la mesa de trabajo del abuelo. Bajo unos papeles y documentos, estaba boca abajo. Curioso, ¿no te parece? Pues no. En todo caso lo que me parece curioso es que tu abuelo la guardase en vez de hacerla desaparecer. ¿Y por qué la tenía que hacer desaparecer? Porque l’Anselm la tomó con ella. Denunció a tus abuelos como adictos a los rebeldes franquistas. En su denuncia explicó que prueba de ello era lo religiosos que eran. Que si registraban la casa encontrarían sobre la chimenea una foto de cuando ella era niña, vestida de comunión, desfilando en una procesión. Pero la trayectoria de tu abuelo, era igual a la del bisabuelo y no dejaba lugar a dudas. Así que pasaron de la denuncia. Tu abuelo pasó largo tiempo en el frente, circunstancia que intentó aprovechar l’Anselm para acosar a tu abuela, hasta el extremo de que ella no podía salir de casa si no iba acompañada por alguien.

¡Vaya con l’Anselm! ¡Vaya, vaya! ¡Con que pretendió servirse de la foto para acusarlos de afines a los franquistas! Y además acosó a la abuela. ¡Menudo tipo! Miré la foto y me dije, ya empiezo a tener la historia. ¡Sabía que había una historia, estaba seguro! ¿Y qué más puedes decirme? Bueno pues, resultó que l’Anselm estaba secretamente con los de la Falange y tenía a tus abuelos vigilados. Durante el último permiso que disfrutó tu abuelo, una noche, la pareja decidió ir al cine Colón, en la calle Vallespir. Era un momento en que ya se veía cercano el desastre y una cierta euforia empezaba a envalentonar a los facciosos. Quizá esta circunstancia ayudó a desencadenar los hechos. El caso es que l’Anselm esperó a que terminara la sesión con unos camaradas suyos, con la clara intención de vengarse de tu abuela. No sabría decirte si llevaba la idea de hacer lo que hizo o se le escapó de las manos. Aunque no me extrañaría nada que lo hiciera a conciencia. Al menos él. Los demás echaron a correr al ver como ocurrió todo.

Aquel narrador, aquel amigo de la familia se detuvo unos instantes. Aguardé en completo silencio. Sabía que me hallaba ante un tremendo desenlace. Supuse que había llegado el momento de la razón por la cual aquella foto apareció en el fondo del cajón del abuelo. Esperé inmóvil. Dejé que se tomase su tiempo y me preparé para escuchar lo más tremendo, como así fue. Antes de llegar a la calle Alcolea se abalanzaron sobre ellos en un encontronazo desigual que le costó la vida a tu abuela. ¿Cómo?, se me escapó. Le clavó un cuchillo, después hirió a tu abuelo al intentar cubrirla, pero no llegó a tiempo, l’Anselm fue rápido y diestro. Los dejaron en el suelo creyendo que ambos estaban muertos. ¿Mató a los dos? No, él sólo quedó malherido, pero se salvó. Todo el barrio quedó conmocionado con la noticia. Fue un golpe tremendo para la familia.

Tenía la historia. Miré la foto. Nunca hubiese pensado que estuvo escondida por eso. Después Isidro me explicó que el abuelo sanó sus heridas, pero sólo las externas. A su regreso a casa se sumió en el más atroz silencio. Ahora entendía la reacción de mi madre. ¡Menudo final! Exclamé. No, este no fue el final. ¿Ah, no? No. Tu abuelo un buen día desapareció de casa. Dejó la niña en manos de su hermana, le pidió en una nota que la cuidara. Que ya lo entendería. Nunca más lo encontraron. Pareció que se lo hubiese tragado la tierra. Unos meses más tarde apareció l’Anselm muerto, sentado en una butaca de la última fila del cine Colón. Tenía clavada una navaja en el vientre y un corte en el cuello.

Ahora sí tenía la historia. Está completa. He empezado a escribirla. Frente a mí, sobre la estantería, la novela Por quién doblan las campanas. Y junto a Hemingway, la Història del Cinema a Catalunya de Miquel Porter i Moix y El mundo de Fructuós Gelabert de Joan Francesc de Lasa. Y junto a ellos la foto, ella es la protagonista. La razón de ser de esta historia.


L'església romànica de Santa Maria de Sants, enderrocada l'any 1820,
al costat de la Masia del Rellotge, per Jaume Pahissa

14 comentaris :

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    1. Un document històric, Miquel. La processó posa els pèls de punta!

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  2. Els documents són impactants. Tots dos: el de Gelabert i el de Rafael Rodríguez Bella. El text d'aquest últim, tant si és ficció com si és la transcripció d'una realitat passada pel filtre literari, m'ha impressionat.

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    1. En aquest cas, Sícoris, tot plegat ha estat pura xiripa. El vídeo ja l'havia publicat fa temps, però com que no l'havia vist gaire gent i s'acosta la Setmana Santa, he decidit reciclar-lo. Tot buscant una mica d'informació sobre el documental (he trobat poca cosa, la veritat), m'he topat amb aquest relat que complementa l'apunt des del punt de vista més fosc i negre (com dius tu, al marge de si és real o ficció). A més, el text té prou qualitat i és de justícia fer-lo públic. No he localitzat l'autor, però aprofito l'ocasió perquè es manifesti si cau per aquestes pàgines o algú en sap res.

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  3. Increíbles imágenes, podrían servir también para película de ficción fantástica de este primer tercio de siglo XXI.

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    1. ¡Quién nos iba a decir, Amaltea, que todavía haya gente que vive (y quiere hacernos vivir) en ese fantasmal oscurantismo!

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  4. Una de les nenes que es veu a la processó de les Filles de Maria era una de les germanes grans del meu avi que va néixer a Sants, justament davant de l'església de Santa Maria de Sants. (la que van cremar el 1936)
    I si no vaig errat el gravat de l'antiga església romànica el va dibuixar el pintor Pahissa. Existeix també un gravat més senzill fet per l'historiador Jacint Laporta.

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    1. Xavier, si hi ha una cosa que em fa gaudir de la feina del blog és aquesta possibilitat de connectar la història amb les vivències. De cop i volta, aquestes imatges fantasmal han pres una vida que els havia estat robada, pel pas del temps i per la nostra mirada que interpreta tant per la ignorància com pel coneixement. Gràcies per retornar aquesta nena (i per extensió, a la resta) a la realitat.

      Pel que fa a l'autor del gravat, tens raó: és Jaume Pahissa, i sembla que es pot llegir a la firma. Gràcies per la pista.

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  5. La filmació la coneixia, però acompanyada d'aquest relat assoleix una dimensió quasi de cinema negre.

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    1. Javier, com li comentava a la Sícoris, ha estat una feliç coincidència poder ajuntar aquests dos testimonis. Cinema negre i pel·lícula de fantasmes!

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  6. Curiosa història sobretot per no saber-ne res de qui l'explica. I de la filmació, que dir-ne!

    Ara només ens falta alguna història d'aquestes vinculades a la producció més mediàtica actualment dels germans Baños.

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    1. Oi que sí, Galderich? M'ha semblat que incloure aquest relat li dóna una transcendència a tot plegat que supera els apunts historicistes. I si llegeixes el comentari del Xavier Pujol, tot cobra vida.

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  7. Sempre en descobrin historias i fets poc conegut de la Ciutat ,estas (esteu) resussitan el mon desaparegut de Barcelona !! Gracias Enric !!

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    1. Això intento, Jaume, amb la vostra col·laboració.

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