Bereshit: la reconstrucció de Barcelona i altres mons
Enric H. March

dimarts, 13 d’octubre del 2026

El parc d’atraccions de Josep Pla

Atraccions de fira, l'any 1935. A l'esquerra, barques
com les que es descriuen a l'article de Josep Pla
Arxiu Municipal del Districte de Ciutat Vella


Introducció

Després d’un temps a París fent de corresponsal per al diari La Publicidad (La Publicitat des d’octubre del 1922), Josep Pla encetava a primers del 1921 la secció “Pall-Mall”, composta d’articles de temàtica diversa, però majoritàriament de crítica costumista. En un d’ells titulat “Domingo de convalescencia”[1] (sic), publicat el 29 d’octubre del 1921, descriu un parc d’atraccions de poca volada que veu des de la finestra de l’habitació on estava a dispesa.

Aquest parc d’atraccions podria no ser-ho exactament. Podria tractar-se d’una fira ambulant, que es componia d’un gronxadors de barques (com les de les atraccions Caspolino), una barraca de tir amb ninots de fusta i un carrusel amb un orgue amb autòmats amb forma de ballarina que sonava en girar el carrusel.

On estava aquest parc d’atraccions? Pla no ens ho diu, però mirarem d’esbrinar-ho a partir dels lloc que descriu a l’article. Josep Pla vivia al pis que els seus pares havien llogat al carrer de Mallorca, 244, 2n 1a, prop de la Rambla de Catalunya, amb els seus germans Pere i Maria, la tia Carolina i l'Angeleta, que es cuidava del servei de la casa. Una crisi familiar, però, portarà Pla a viure a dispesa en diverses cases. La primera va ser al carrer Pelai, davant de l’estació del ferrocarrils de Sarrià; la segona a la Rambla de Catalunya entre la plaça de Catalunya i la Gran Via. La de l’article no és cap d’aquestes dues.

Llegim-lo i marquem amb negreta tots aquells aspectes que ens podem ajudar a localitzar-lo i en acabat ho analitzarem. Si descobriu qualsevol detall que ens ajudi a situar-lo o identificar-lo, serà benvingut.

 

Domingo de convalescencia 

Estar un poco enfermo, en la ciudad, —saber que no será nada— en estos días de transición [ de l'estiu a la tardor] y de inesperada revoltura, es casi casi una propina del buen Dios.

 En la ciudad, no hay peores días que estos, de paso de una estación a otra. En el campo no hay más que una mutación en la forma y en el color del paisaje. Pero aquí, en este tiempo, la vida cambia en sus menores detalles y hasta los hombres mudan de ideas. El salto es brusco, nos toma desprevenidos y nos molesta todo. A mí me molestan los olores invernales de piso que ahora se inician: reclusión, aire viciado, tufillo de menestralía. Y de la calle, de estos días de polvo en tirabuzones, de nubes cárdenas, de luz opaca y antipática, ¿qué no nos molestará?

Estar un poco enfermo en estos días y poder ver el torzamiento otoñal, la nueva curva, desde los vidrios de nuestra habitación, con la nariz aplastada en los vidrios es como ver el otoño desde la barrera, contemplarlo con la menor cantidad posible de incomodidad.

Claro que hay días y barrios más o menos otoñales y por tanto más o menos apropiados para pasar una convalecencia. El domingo es un día de tradición otoñal. Y por lo que respecta a los barrios diremos que en una manzana completamente cerrada de casas o en un cuarto interior, no puede uno pasar más que una convalescencia de segunda. Pero si se tiene la suerte de vivir en un cuarto encarado a poniente, con unas montañas por fondo y un campo de alfalfa en primer tiempo, la convalescencia tiene un aire de cosa imponderable.

No he sabido los encantos que tiene mi barrio hasta estos días. Yo creía que esta zona en que vivo medio urbana, medio despoblada, que empieza al deshacerse la estructura de la izquierda del Ensanche y se extiende hasta Sarriá, era una cosa incompleta y desequilibrada, un mundo de cerrados llenos de escombros y de desnudos esqueletos de casas de cinco o seis pisos en construcción.

Pero ahora que he tenido que prestar atención al barrio he visto que en mi paisaje, hay un campo de alfalfa, un tristísimo parque de atracciones y una cantera pequeña en la que trabajan unos picapedreros.

Este parque está formado por unas barcas desteñidas y manoseadas, que chirrían agriamente al balancearse, por una parada de pim-pam-pum, habitado por una turba de pequeños fantasmones de madera insepultos, insolentes y cínicos, que tienen además un surtidor, en el que bailan los domingos, unas cáscaras de huevo amarillentas, y por un carrusel tan irrisorio que no llega a ser ni una espina de carrusel. Este aparato, cuando da vueltas hace sonar un órgano de trompetas de latón, que empuñan unas bailarinas que hacen unas posturas amaneradas y cursis. Y parece que los caballos del carrusel están espantados y tienen la vida amargada por estos trompetazos gangosos y apocalípticos que empuñan las amaneradas bailarinas.

He notado que por el parque de atracciones camina de una manera muy campanuda un perro de aguas, viejo y pelado al que sigue constantemente un hombre macilento que a veces anda a ciegas.

En estos días de viento, el campo de alfalfa era de una gran variedad. El viento tumbaba la hierba en curvas caprichosas y nacían en el verde, claros y oscuros instantáneos. Al final del campo, a la izquierda, hay unos eucaliptus y desde la casa se oía el repiqueteo fervoroso de las hojas. Por este lado había una hilera de ropa puesta a secar y hacía el chasquido característico de la ropa mojada. En segundo término se alza una gran chimenea y con el viento el humo se apiñaba arriba, se enroscaba en la chimenea con un aire desgarrado, con un aire de dibujo anarquista. Al final se destaca San Pedro Martir, a media montaña quemaba un vermo rojizo y por la línea del lomo montañoso volaban unos pinos.

Y la cantera de los picapedreros ha representado, en este paisaje de la convalescencia, el lado de la cultura pura.

Venía del cercado una base de repiqueteo, espesa. Pero cuando se paraba la atención unos momentos parecía perfilarse de esta base un ritmo algo borroso al principio, límpido y lineal después. Entonces parecían caer los martillos de una manera igual y harmónica, algo monótona y parecían cantar algo primitivo, ingenuo y basto. A veces el ritmo menudeaba más, se hacía más rápido y animado y la línea era una cosa feliz y paradisíaca.

La melodía principiaba por serpentear delante de los ojos de uno, iba ganando y llenándolo todo y acababa por llevarse, de una brazada, los sentidos de uno y el alma y la tarde y todo, y los mantenía flotantes, en una zona de vaguedad... Luego venía la noche y la descensión y parecía desplazarse el repiqueteo de los picapedreros a las estrellas.

Muchas veces me acordaba de unas palabras de los pequeños poemas en prosa: "...il est de certaines sensations delicieuses dont le vague n'explut pas l'intensité”.

...

Llegó la tarde del domingo, que fue suntuosa, como de otoño.

Desde los vidrios la tarde parecía dulcísima, inefable de claridad. El aire, de tan sutil parecía quebradizo. Los plátanos urbanos, exhaustos de verde polvoriento, tenían un vago espolvoreo amarillo. Un sol moren... [il·legible] y tibio vi... [il·legible]

[...] pasar la gente en traje de domingo. Se oía el trasiego cansado de sus pies sobre la acera. Esta gente adomingada me ha parecido siempre, en todas las ciudades, una procesión de convalescientes paseándose por las avenidas enarenadas de su hospital.

Pronto empezaron a sonar las trompetas del carrusel del parque de atracciones. Llegaban un poco amortiguadas y deshinchadas. Se oyó luego un vago rumor de gentes y las notas de un organillo coloreando este vago rumor. A veces se producían depresiones silenciosas en la onda de ruido que venía del parque y entonces se oía los botes de algún coche o el vendaval del paso del tranvía por alguna travesía próxima. Muy de tarde en tarde se oía el silbido de un tren.

Desde los vidrios vi los esfuerzos que hizo un muchacho para convencer a una muchacha de que tenían que adentrarse por el campo de alfalfa.

Pude comprobar que varios minutos de mi tarde se llenaron hasta el borde por algunas de estas enormes risotadas que producen de tarde en tarde las criadas de servicio.

 

Anàlisi

1) “un cuarto encarado a poniente, con unas montañas por fondo y un campo de alfalfa en primer tiempo”

La finestra de l’habitació on Pla està a dispesa mira cap al Collserola, a l’extrem Llobregat de la muntanya. El camp d’alfals situat al peu de l’habitatge ara com a ara no és significatiu.

2) “esta zona en que vivo medio urbana, medio despoblada, que empieza al deshacerse la estructura de la izquierda del Ensanche y se extiende hasta Sarriá, era una cosa incompleta y desequilibrada, un mundo de cerrados llenos de escombros y de desnudos esqueletos de casas de cinco o seis pisos en construcción”

L’habitatge està situat just on acaba l’Esquerra de l’Eixample i enfocat cap a Sarrià, per tant, és molt probable que estigui a l’antic terme municipal de les Corts. D’una banda, amb la riera de la Magòria (avui avinguda Josep Tarradellas) fent de partió amb Barcelona, limitant la trama de l’Eixample en construcció, i la Travessera de Baix o Travessera Vella fent de frontera entre les Corts i Sants. En tornarem a parlar.

D’una altra banda, més cap al nord, el límit seria la barriada del Camp de la Creu (anomenada també de Sant Genís), urbanitzat a partir de 1870 a l’entorn del carrer Morales i la placeta del Carme, avui tràgicament mutilada, com tot el barri. A la barriada encara no hi havia la Colònia Castells (1923-2010), nucli obrer amb un entramat de casetes de planta amb un minúscul jardí, miserablement enderrocades.

Aquesta colònia, composta de 142 casetes amb uns 700 veïns, es va construir per acollir els obrers que treballaven a la fàbrica Castells de xarols i vernissos (1873-1965), situada a l’actual carrer Entença, aleshores inexistent, entre els carrers Londres i París. De la xemeneia de la fàbrica en parlarem després.



Aquesta seria la zona de les Corts que Pla veuria des de l’habitació de la dispesa; per tant, la zona de l’Esquerra de l’Eixample al límit de les Corts estaria entre els carrers Entença i Viladomat, i Provença i Rosselló; és a dir, entre la presó Model i l’Escola Industrial. Pla, però, no esmenta en cap moment aquestes dues institucions.

Per sobre del carrer Rosselló, entre Rocafort i Viladomat, hi havia una falca de terreny de cultiu (el camp d’alfals?) delimitat per la Carretera Vella de Sarrià (avui desaparegut i que antigament sortia de la Barcelona murallada davant del portal de Tallers; en queda un petit vestigi al Jardins Joan Altisent, al carrer Camí Vell de Sarrià, entre el carrer Gelabert i l’avinguda Josep Tarradellas) i la Travessera de Baix (l’actual carrer del Marquès de Sentmenat) i la Travessera Vella de les Corts (avui desapareguda i que no s’ha de confondre amb la Travessera de les Corts que travessava el Pla de Barcelona).

Un i altre camí es bifurcaven a l’actual interior d’illa a Viladomat entre Provença i Rosselló, just on el meu avi tenia el pati de la seva fàbrica tèxtil (1928-1955). Una petita part d’aquell espai són avui els Jardins Montserrat.

La dispesa de Pla podria ser en una de les cases que es veuen a l’esquerra de la fotografia, davant dels dos camins de darrere de l’Escola Industrial.



L’Escola Industrial vista des del carrer Urgell, 1926. Al fons a l’esquerra, es veuen
els camps de cultiu i el traçat de la Travessera de Baix o Travessera Vella
de les Corts i la Carretera Vella de Sarrià. Diputació de Barcelona


3) “un campo de alfalfa, un tristísimo parque de atracciones y una cantera pequeña”

En aquest fragment, Pla descriu el veu en primer terme des de la finestra de l’habitació. Esmenta per primer cop el parc d’atraccions que estem intentant situar i que estava al costat d’un camp d’alfals i d’una pedrera petita on treballaven uns picapedrers. Localitzant aquesta pedrera ja tindríem la feina feta. En tornarem a parlar.

4) “En segundo término se alza una gran chimenea” […] “Al final se destaca San Pedro Martir”

Des del carrer Rosselló, entre Rocafort i Viladomat, en paral·lel als camins de la Travessera de Baix o Travessera Vella de les Corts i la Carretera Vella de Sarrià que conformen la falca de terreny que hem descrit abans, on avui hi ha els Jardins Montserrat, podem traçar una línia diagonal amb la xemeneia de la fàbrica Castells de xarols i vernissos i Sant Pere Màrtir, antiga ermita d’Esplugues de Llobregat al Collserola, al límit de Barcelona i Sant Just Desvern.

5) “se oía los botes de algún coche o el vendaval del paso del tranvía por alguna travesía próxima. Muy de tarde en tarde se oía el silbido de un tren”

El so del tramvia i el tren, que sent però no veu, ens permet restringir o confirmar la localització de l’habitatge on viu Pla. El tren, que passava per la Diagonal del Ferrocarril (actual avinguda de Roma) estava escassos dos-cents metres a l’esquena de Pla si seguim situats al carrer Rosselló.

Però pel que fa al tramvia, la cosa se’ns complica. L'única línia que passava per la zona on som era la que des de la plaça Universitat anava a Sarrià. Passava pels carrers Casanova, Còrsega, Urgell i carretera de Sarrià. És a uns quatre-cents metres de Rosselló entre Rocafort i Viladomat, amb l'Escola Industrial enmig. No és lluny, i potser sí que se sentia en un territori tan despoblat. En tot cas, situar la dispesa de Pla cap al carrer Urgell i per sobre de l’Escola Industrial no permet que encaixin la resta d’elements que hem situat.

Conclusions (de moment)

La Carretera Vella de Sarrià i la Travessera de Baix o Travessera Vella eren encara camins transitables a la dècada de 1920 des del carrer Aragó fins als seus destins. Eren, per tant, el camí natural cap a Sarrià i les Corts abans que la trama de l’Eixample els esborrés definitivament, que en el cas de l’Esquerra de l’Eixample va ser molt tard.

Posem èmfasi en aquest ús perquè això els convertia en un punt d’atracció de fires ambulants, afavorit per trobar-se en un marge de la ciutat i per la presència dels obrers de les fàbriques properes, com la Castells, que feien de públic propici. Aquesta falca entre camins on situem les vistes de Pla des de la seva habitació de convalescent va ser lloc habitual d’estada de companyies de zíngars que oferien espectacles circenses i feien ballar l’os fins la dècada de 1960. En tenim testimoni perquè la meva mare els anava a veure quan era a la fàbrica de l’avi.

Ens queda la qüestió de la pedrera, que segurament no era una pedrera d’extracció, sinó un taller a l’aire lliure on els picapedrers treballaven la pedra, com era el cas de l’empresa Sebastià Sibecas i Fill, del carrer Casanova, 173-185, entre els carrers París i Londres, també a la dècada de 1920.



Empresa Sebastià Sibecas i Fill, del carrer Casanova, 173-185,
entre els carrers París i Londres, també a la dècada de 1920.
Víctor Oliva


Podríem pensar que la pedrera que descriu Pla és la de Casanova. Lligaria amb la proximitat del tramvia; potser es podria veure Sant Pere Màrtir, però no trobem cap fàbrica amb xemeneia ni cap camp de cultiu.

Fins aquí hem arribat. Ara, si teniu ganes de buscar noves dades i mirar de trobar una situació alternativa, les vostres aportacions, com us he dit abans, seran benvingudes.



[1] La Publicidad, “Pall-Mall”, 20 d’octubre del 1921, p. 1.